«La rosa es sin porqué: florece porque florece; no se ocupa de sí misma, ni pregunta si la miran.» — I, 289 Una gota que se vuelve mar, un corazón capaz de acoger a Dios: en las imágenes de Angelus Silesius, lo cotidiano se abre a lo infinito. Sus poemas invitan a soltar el afán de poseer, a callar y a descubrir una vida más honda que la del yo aferrado a sí mismo. En El peregrino querúbico, la mística cristiana cobra la forma de una pregunta incesante por el amor, el tiempo y la eternidad. El desasimiento y el nacimiento de Dios en el alma se expresan en versos que desconciertan y obligan a detenerse. A veces tiernos, a veces severos, sus consejos y paradojas piden ser vividos tanto como comprendidos. Esta edición reúne los seis libros de 1675, con el prefacio y las notas del autor, en una traducción atenta a la claridad del español y a la precisión del pensamiento. Edición y traducción de Konrad Solitarius.